El gran malentendido sobre las grasas
Durante décadas, las grasas dietarias fueron el principal villano de la nutrición. Las dietas bajas en grasa inundaron el mercado en los años 80 y 90, con la promesa de mejorar la salud cardiovascular y el peso. Los resultados no fueron los esperados. ¿Qué pasó?
Las grasas son esenciales
Los lípidos son fundamentales para la vida. Forman las membranas de todas las células del cuerpo, son necesarios para absorber las vitaminas liposolubles A, D, E y K, participan en la producción de hormonas y protegen órganos vitales. Sin grasa dietaria, estas funciones se ven comprometidas.
El tipo de grasa importa más que la cantidad
No todas las grasas son iguales. La clasificación básica es:
- Grasas insaturadas (mono y poliinsaturadas): presentes en el aceite de oliva, la palta, los frutos secos y los pescados grasos. Tienen efectos protectores sobre el corazón.
- Grasas saturadas: en carnes rojas, lácteos enteros, aceite de coco. Su impacto es más neutro o moderadamente negativo dependiendo del contexto.
- Grasas trans: producidas industrialmente en margarinas y productos ultraprocesados. Son las únicas claramente dañinas y la OMS recomienda eliminarlas.
El error de las dietas bajas en grasa
Cuando la industria alimentaria redujo las grasas, compensó el sabor con más azúcar y carbohidratos refinados. Investigaciones posteriores, incluyendo el famoso estudio Women's Health Initiative, mostraron que las dietas bajas en grasa no reducían el riesgo cardiovascular ni favorecían la pérdida de peso de manera sostenida.
Las grasas y la saciedad
Las grasas son el macronutriente más saciante y su digestión es más lenta. Incluir fuentes de grasas saludables en las comidas puede ayudar a comer menos en cantidad total, no más.
Para aprender sobre las grasas más beneficiosas para tu salud, te recomendamos leer nuestro artículo sobre Omega-3: funciones y fuentes alimentarias. Y para conocer uno de los alimentos más ricos en grasas saludables, no te pierdas Palta: el superalimento que no puede faltar.